En mis encuentros de “coaching para mujeres emprendedoras” el lema era: Quien no tenga planes propios pertenecerá a los planes de otros”.  Se trataba de un grupo heterogéneo de mujeres que tenían en común la idea de generar un proyecto personal.  Algunas habían quedado fuera del mercado laboral después de haber dedicado la mayor parte de sus vidas al cuidado de sus familias, otras eran ejecutivas o empleadas jubiladas que querían continuar en actividad aprovechando el know-how que habían adquirido en sus años de empresa y otros casos se trataban de mujeres que se vieron forzadas a buscar una fuente de ingresos por la situación económica en la que se hallaban.  El primer paso en el proceso de coaching fue la definición del proyecto. Una vez ubicada en ese lugar adonde aspira estar, la persona es su proyecto y se produce entonces el fenómeno de la escucha para su proyecto.  A partir de allí cada una comenzó a elaborar su plan de acción.  Hasta ese punto todo funcionaba en forma fluida.  Los problemas empezaron a aparecer a medida que íbamos midiendo cada semana los resultados de las acciones llevadas a cabo.  Fue necesario entonces implementar un proceso de capacitación tendiente al desarrollo de sus competencias conversacionales mediante el abordaje de la teoría de John Searle referida a los actos del habla. Aprender a pedir, a diferenciar hechos de interpretaciones, a formular declaraciones y promesas fue de vital importancia para superar los obstáculos que las participantes encontraban en la puesta en marcha de sus planes.  Vivimos en un mundo de conversaciones a través de las cuales coordinamos acciones.  Cuanto mayores sean nuestras competencias en este sentido, mejores serán nuestros resultados.

Compromiso y acción, quienes asumieron estos desafíos han experimentado la concreción de sus proyectos y el coaching fue la herramienta efectiva que facilitó el camino.

Autora: Gabriela Terminielli