Los seres humanos, somos todos y cada uno diferentes, siendo ésta una de nuestras mayores riquezas. Sin embargo, la baja tolerancia hacia esas diferencias con nuestros semejantes, es una de las grandes causas de los conflictos, sean estos grandes o pequeños. Y no es que el conflicto sea negativo en sí mismo, pero cuando hay maltrato, violencia o se crean relaciones de poder, si resulta ser muy nocivo para las relaciones humanas.

Gran parte de nuestras diferencias y conflictos, se hacen evidentes a través del lenguaje, de lo que decimos con nuestras palabras. Pero, tanto si decimos lo que pensamos y sentimos, como si no lo decimos y callamos, igual tiene incidencia en los otros, porque  lo que callamos lo hacemos visible en un metalenguaje, a través de actitudes o de nuestra expresión no verbal. Esta idea hace referencia a un primer postulado del Coaching Ontológico: ‘Interpretamos a los seres humanos como seres lingüísticos’, planteado por Rafael Echeverría, chileno que ha fundamentado este modelo. El lenguaje, es  la clave para entender los fenómenos humanos. No desconoce otros dominios fundamentales como son el cuerpo y las emociones, pero es desde el lenguaje que nos es posible reconocer y comprender los otros dominios, y es desde el lenguaje que damos sentido a nuestra existencia.

El lenguaje es una acción que ejercemos diariamente y a través de ella se refleja nuestra capacidad enorme y maravillosa de pensar, de aprender, de razonar, de comprender, de hacer deducciones o dar explicaciones. Sin embargo, en nuestra vida cotidiana lo que finalmente hablamos o verbalizamos no pasa, en su gran mayoría, por nuestra también enorme capacidad de análisis o discernimiento, antes de que se vuelvan palabras nuestras ideas. Vamos hablando y lanzando juicios, muchas veces sin ningún filtro, sin ningún cuidado; por costumbre decimos lo mismo de siempre, o sucede que repetimos tantas cosas que dicen otros sin siquiera detenernos a analizar su significado.

Y lo que es más delicado, hablamos sin saber que al hacerlo, creamos un mundo nuevo y transformamos vidas. A esto se refiere el segundo postulado del Coaching Ontológico: “Interpretamos al lenguaje como generativo’, es decir, el lenguaje genera ser. El lenguaje nos construye; lo que decimos, es una realidad que en ese momento creamos! Cuando yo expreso “Siempre hago lo mismo, no puedo aprender”, realmente me estoy cerrando a la posibilidad de cambiar el hábito o el error que estoy cometiendo. Cuántas veces escuchamos “yo no soy capaz de hacer esto, es imposible!” así nos estamos cerrando a cualquier posibilidad de lograrlo. El lenguaje no solo describe la realidad y el mundo que compartimos, el lenguaje es una acción que crea un mundo, cuando declaro un “si”, creo una nueva realidad.

Un tercer postulado del Coaching Ontológico, es “interpretamos que los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él”. Podemos diseñar nuestro futuro con nuestro lenguaje, abro un mundo de posibilidades.

Los juicios, tema que nos ocupará aquí, son una parte pequeña del lenguaje pero definitiva en la construcción de relaciones humanas. Haber escuchado a alguien un juicio, puede llevar a que se tomen decisiones definitivas o a que se juzgue a esa persona en su totalidad; un juicio puede cambiar las acciones de una persona, cambiando sus resultados y desempeño. Un juicio simple puede ser muy poderoso si la persona que lo emite tiene cierta autoridad; el decir la sencilla frase ‘no me gusta, esto no es algo bueno’, puede llevar a que se rompa de antemano la posibilidad de establecer un conocimiento mutuo entre dos personas, posiblemente se acabe antes de iniciar una relación que hubiese podido ser de aprendizaje mutuo, de crecimiento personal o profesional.

Emitir un juicio incide profundamente en las emociones de las personas. Tiene efectos en la confianza, en los compromisos a establecer, en el respeto que se pueda crear. Si hablamos del ámbito empresarial, puede incidir en el trabajo en equipo, en la productividad, en el clima organizacional. Si analizamos sus consecuencias en el ámbito familiar, un juicio puede afectar la autoestima de los hijos, de un esposo o esposa, con consecuencias que muchas veces no se pueden medir sino después de muchos años de haber lanzado una pequeña frase, como una bomba: un juicio. Puede destruir los sueños de alguien, cambiar las metas y posibilidades de un joven.

Alguien podría argumentar su derecho a la libertad de expresión, así que ‘si lo pienso, lo puedo decir!’ Y esto es lo que encontramos muchas veces en el diario vivir. Hacemos juicios y recibimos otros, pues cada uno cree que ‘tiene el derecho a decir lo que siente o piensa’.

Qué diferente lo que plantea Rafael Echeverría al diseñar una concepción ontológica de este fenómeno humano. Teniendo muy en cuenta que lo que decimos crea un mundo para otros y reconociendo que los juicios pueden cambiar vidas, Echeverría aborda cómo es posible intercambiar juicios de una manera constructiva para ambas partes; propone un modelo que resuelve el problema de entregar y recibir juicios de manera positiva y sin hacer daño a ninguna de las partes, donde la retroalimentación de juicios abra las posibilidades de aprendizaje y crecimiento, tanto para las personas individualmente como para los equipos. Con este abordaje, se da vía a expresar lo no conversable y que intoxica las relaciones humanas, haciéndolo dentro de un contexto de cuidado y con un procedimiento que lleva a que, quien recibe los juicios los pueda recibir y escuchar, para después aceptar y cambiar. Así se realiza un aprendizaje de segundo orden, tanto de quien emite los juicios como de quien los recibe. Se busca que cada quien cambie, crezca y transforme el Observador que es.

Muy importante es comprender que un Juicio es un acto lingüístico diferente de las afirmaciones. Esta última puede ser verdadera o falsa, porque es algo comprobable según lo que se observa. Primero existe el mundo y luego la afirmación. Por el contrario, un Juicio depende del Observador que lo emite, y es algo subjetivo, no verificable como cierto o falso, y se puede tener un juicio opuesto y contradictorio al de otra persona. Es decir, mientras algún observador define que algo es bueno, bello o conveniente, otro observador define que eso mismo es malo, feo e inconveniente.

Muy importante es comprender que un Juicio es un acto lingüístico diferente de las afirmaciones. Esta última puede ser verdadera o falsa, porque es algo comprobable según lo que se observa. Primero existe el mundo y luego la afirmación. Por el contrario, un Juicio depende del Observador que lo emite, y es algo subjetivo, no verificable como cierto o falso, y se puede tener un juicio opuesto y contradictorio al de otra persona. Es decir, mientras algún observador define que algo es bueno, bello o conveniente, otro observador define que eso mismo es malo, feo e inconveniente.

Algunos ejemplos que ayudan a diferenciar juicio de afirmación:

Juicios
(crean un mundo)
Afirmaciones (son posteriores al mundo)
María es muy incumplidaMaría llegó 15 minutos después de la hora
Esta silla me parece muy bonitaLa silla de esta sala es de terciopelo rojo
Sofía es mala secretariaSofía no hizo los 3 últimos informes
Esteban está muy grandeEsteban mide 1,70 de estatura

Así encontramos que una afirmación es algo que podemos comprobar, que todos podemos aceptar y estamos de acuerdo porque es verificable. Un juicio, por  el contrario, pertenece a quien lo emite, es subjetivo, es una manera de mirar las cosas y de calificarlas.

Plantea R. Echeverría todo un procedimiento o ‘decálogo de competencias’ tanto para entregar como para recibir juicios. En resumen, podemos citar los siguientes pasos:

  1. Preparar entorno, cuerpo y emocionalidad: por ser algo tan delicado puede generar sensibilidad en el otro; tener presente sus emociones y tranquilidad para recibirlo.
  2. Crear contexto: aclarar propósito de la conversación, relación entre las dos personas.
  3. No etiquetar ni personalizar (‘tu eres…’).
  4. No generalizar ni exagerar: evitar términos como ‘siempre’.
  5. No adscribir intenciones ni motivos.
  6. Referirse a las acciones (comportamientos del otro), no al ser.
  7. Hablar de cómo esas acciones ‘me’ afectan, no responsabilizar al otro de lo que sucede en mi ‘lo que tú haces…’
  8. No invocar el nombre de otros en falso, hable por ud. mismo.
  9. Indague el punto de vista del otro: escúchelo.
  10. Pedir cambios concretos en el comportamiento del otro: dar juicios no se hace para desahogarse, sino para que el otro genere cambios y crecimiento.

Para terminar, unas reflexiones que invito a hacer:

¿Cómo se da este lenguaje de juicios y afirmaciones en tu vida cotidiana? ¿Qué encuentras acerca de los juicios en las mujeres y en los hombres? ¿Qué afirmaciones y juicios haces diariamente? ¿A quién afectan? ¿El mundo de quién estás ayudando a construir? ¿Qué juicios pueden haber cambiado tu vida y tus decisiones vitales? ¿Lastimaste la autoestima de quién con tus propios juicios? ¿Lo que dices realmente refleja el mundo de tus ideas o estás haciendo una función de antena repetidora de alguna amiga o compañera de trabajo a quien le escuchaste eso? ¿Haces juicios sobre los demás o de ti misma? ¿Qué porcentaje de  lo que hablas son juicios? ¿Podrías hacer conciencia por un día de los juicios que escuchas a otros y de los juicios que tu emites?

Ps Mónica Abella Mancera

HuManos a la Obra!

Lecciones de Coaching Ontológico

Bogotá, Julio de 2011

Referencias

  1. Echeverría Rafael. Ontología del Lenguaje. JC Sáez Editor. Chile 2003
  2. Echeverría Rafael. El arte de la retroalimentación en los equipos de alto desempeño. Newfield Consulting. Chile. Febrero de 1999.

En la siguiente dirección encuentran este otro artículo: http://www.portaldelcoaching.com/index.htm