Cómo lograr el equilibrio entre desarrollo profesional y vida privada

Siempre me interesó la problemática femenina y encontré en el coaching una vía efectiva para desentrañar ciertas cuestiones referidas a los mandatos del género.  El hombre no se plantea el interrogante entre desarrollarse profesionalmente o no. “La familia o la carrera”. El mandato en este sentido es femenino y es por ello que las mujeres solemos encontrar dificultades para lograr este equilibrio.  Hace varios años trabajo como coach con mujeres que se desempeñan en empresas y éste es un tema que surge inevitablemente en mis encuentros con ellas.  Considero que el camino que nos conduce a ese equilibrio está basado en la búsqueda de sentido respecto de la tarea que desarrollamos.  Las mujeres que manifiestan pasión por lo que hacen, quienes se encuentran en un proceso de crecimiento profesional, sienten que no restan tiempo a su vida privada, por el contrario, ese desarrollo agrega valor a sus otros roles, el de madre, el de esposa.  Estas mujeres procuran organizar sus tiempos eficientemente para no descuidar ningún aspecto.  El desequilibrio es producto de la falta de sentido, de no encontrar placer en sus tareas, del sentimiento de pérdida de tiempo.  Sabemos que todavía, sólo un pequeño porcentaje de mujeres desempeñan cargos directivos donde pueden planificar sus carreras.  De todas maneras, aun en puestos rutinarios y aparentemente poco desafiantes, se debe procurar la obtención de gratificaciones.  El coaching en este sentido es altamente efectivo.  A través del proceso del coaching se revelan los mandatos culturales que dirigen el comportamiento.  Aquellas mujeres que  tienen en claro sus objetivos son mucho más abiertas a cuestionarse esos mandatos.  Tengamos presente que no tenemos mandatos, sino que esos mandatos nos tienen.  Subyacen a nuestra conducta, operan en un trasfondo de obviedad.  Cuando nos fijamos metas y encaramos las acciones necesarias para alcanzarlas, van apareciendo los “deberías” de esos mandatos.  Es en ese camino de la acción que los vamos viendo y empezamos a elegir.  La elección nos saca del círculo vicioso de la reacción. La reacción es siempre producto del mandato. 

La acción es resultado de un proceso consciente, evaluativo, mientras que la reacción no reconoce estrategia alguna.

El proceso de la búsqueda de sentido:

Esta búsqueda se encuentra íntimamente ligada a la motivación.  En este sentido, creo oportuno hacer referencia a las investigaciones realizadas por Mihaly Csikszentmihalyi respecto de qué es lo que hace que la gente disfrute con lo que hace.

A partir de su análisis acerca de las experiencias de más de cien mil personas en todo el mundo ha desarrollado su teoría basada en el concepto de flujo. Este concepto describe un estado en el cual las personas se hallan absolutamente involucradas con la actividad que realizan, tanto es así que dicha tarea les proporciona una gran armonía y orden de conciencia.  Quienes lo han experimentado suelen hacer referencia a la importancia de asumir desafíos en sus quehaceres cotidianos.   Asumir desafíos equivale a innovar y para ello solamente es necesario desafiar los estándares instituidos.

Cuántas veces se ha preguntado ¿Y porqué no? Esta es una forma de encarar un proceso de cambio.  Sin embargo, no siempre nos resulta tan obvio.  Es por eso que la mirada del coach como observador externo abre el foco para ver la situación desde otra perspectiva.   Cierta vez escuché que los hábitos comienzan siendo suaves hilos de seda y terminan siendo gruesos alambres que nos atan irremediablemente.  Sucede que quien está atado por esos hábitos ya no los percibe, es la mirada del otro la que nos puede hacer tomar conciencia de que quizás deberíamos cambiarlos para lograr nuestros objetivos.  Si no modificamos ciertos hábitos nuestros resultados seguirán siendo los mismos.  En el proceso de coaching la persona asume responsabilidades corriéndose del lugar de ser víctima de la realidad circunstancial.  Comienza a generar su realidad.